MENTIRAS VERDADERAS. Rosa Muñoz

08 de julio de 2010 - 14 de noviembre de 2010

El interés de Rosa Muñoz por la fotografía surge durante su  adolescencia cuando, durante los paseos familiares por el Madrid de los Austrias, observaba entusiasmada a los turistas japoneses recorriendo la ciudad con sus cámaras réflex de la época. No mucho tiempo más tarde, con 17 años y ya con su cámara Werlisa en la mano, Rosa comienza a explorar y redescubrir esa ciudad que tanto interés suscitaba en los extranjeros, además de realizar  sus primeros retratos en blanco y negro de los artistas que actuaban en el Teatro de la Zarzuela. El vínculo emocional con Madrid se torna también profesional cuando en los primeros años 80, siendo Enrique Tierno Galván alcalde de Madrid (1979-1986), Rosa Muñoz comienza a trabajar como fotorreportera del periódico Villa de Madrid.

Durante uno de sus paseos por Madrid, descubre un solar desahabitado y entre los escombros y ruinas de las casas comienza a experimentar con la fotografía de escena junto con su buen amigo Pablo, quien le echaba una mano para poner a punto las escenografías. De esta manera, en los primeros años de la década de los noventa comienza a volcarse en la fotografía escenificada recreando esos espacios interiores abiertos a la naturaleza o de casas medio derruidas que han caracterizado su personal trabajo fotográfico desde entonces. La división de su trabajo en dos fases claramente diferenciadas, una primera de trabajo escenográfico en instalación, y una segunda fase, puramente fotográfica, le lleva a reflexionar y descubrir que su interés artístico se centra más en el proceso que en el resultado final. A pesar de lo cual ella siempre se ha considerado  más fotógrafa que artista.

En el año 95, Rosa es incluida en el reportaje “Generación 95” del primer número (letra, en este caso) de la revista Matador junto con otros prometedores creadores del momento, como Javier Fesser, Ricky Dávila y David  Trueba. Desde entonces, ha combinado su trabajo como fotógrafa para publicaciones (El País, Elle, Man, Magazine, etc.) con un trabajo, tal vez más íntimo, centrado en la construcción de espacios oníricamente atemporales que se ubican entre lo surreal y un cierto realismo mágico. Estos escenarios deshabitados que hablan de entornos hogareños, desafían descaradamente la tradicional y espuria relación entre la fotografía y la realidad, siendo los juegos de descontextualización y  la teatralización los que imperan en la visión fotográfica de Rosa Muñoz. 

Los escenarios se complementan con los retratos de célebres personajes de los ámbitos artístico, social, económico y político en los que, precisamente, el escenario creado exclusivamente para cada ocasión por Rosa Muñoz se camufla, paradójicamente, en la propia personalidad y actitud vital del sujeto fotografiado. Por este motivo, yo no hablaría de dos facetas distintas de su trabajo, pues ambas comparten características esenciales, como una puesta en escena muy cuidada, el gran colorido y la saturación cromática. Y me aventuraría a señalar que  dos grandes maestras de la fotografía contemporánea han influido en su trabajo: Sandy Skoglund, por sus puestas en escena, y Annie Leivobitz, por su capacidad de combinar   la forma con el fondo.

Carmen Fernández Rivera

 

 

 

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