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LA LEYENDA DEL TIEMPO. Carlos Maciá
16 de mayo de 2008 - 13 de julio de 2008
Carlos Maciá (Lugo, 1977) nos presenta en La leyenda del tiempo un conjunto de trabajos ideados en Nueva York, durante el disfrute de la Beca de Creación Artística en el Extranjero que UNION FENOSA le concedió en 2005. Entre ellos una gran intervención pictórica, un vídeo, un par de fotos y otras tantas pinturas /dibujos. El eje central de la exposición es la preocupación por la amplificación del campo pictórico, que es llevado contra sus hipotéticos límites o expandido hacia otras vertientes periféricas, como el vídeo y la fotografía. La leyenda del tiempo reflexiona también sobre la condición temporal de la pintura. Y lo hace desde casi todos los ángulos, organizando el caos del estudio en una conjugación de caligrafías más medidas con tachones y garabatos.
Tal y como asegura David Barro, comisario de la exposición, en el catálogo de la misma, «La leyenda del tiempo, tema de Camarón compuesto a partir de un poema de García Lorca, parece precipitarse al vacío, como sucede con la pintura de Maciá. Forma parte, además, de su disco más iconoclasta, lo que refuerza el título de la exposición: en el transcurrir del tiempo dentro de la pintura de Maciá, cobra tanta importancia el construir como el destruir la memoria, la historia de lo pintado. (...) La pintura de Maciá sería algo así como la pintura del arrepentido, o mejor, de aquel que no quiere dejar huellas pero las deja. Seguramente por eso jamás hace bocetos, y por supuesto que es ahí donde cobra sentido un gesto repetido en todo su trabajo: forzar el error para apropiárselo y tomarlo como punto de partida. (...) La pintura de Maciá no encuentra soluciones, espera agazapada para emerger y ahogar toda la superficie.»
Acerca de las Late Night Paintings de Maciá, pinturas de madrugada en formato vídeo, Barro afirma: «En Nueva York, los cambios de temperatura entre el subsuelo y la calle provocan a menudo un chorro de vapor que se aparece en la superficie y flota a modo de interferencia física. (...) El cine nos ha familiarizado con esta nocturnidad neoyorquina y Maciá, que ha estado allí disfrutando de una beca de la que ahora recoge los frutos, capta estos momentos de plasticidad para coquetear con el misterio -muy cinematográfico que los rodea. Color y movimiento. Orden y desorden. Sin artificios, otra vez el accidente se hace notar en su pintura. (...) Tiempo, proceso y campo expandido (o ausencia de límites), serán claves de lectura futura en la pintura -con o sin pintura- de Carlos Maciá.»