IMAGEN DE APOYO ESPACIOS

27 de julio de 2006 - 12 de noviembre de 2006

Un tema. Cinco fotógrafos. Cinco miradas diametralmente opuestas. Cinco estilos, cinco formas de mostrar, que adelantan la personalidad y las inquietudes de cada uno de ellos ante el tema propuesto.

De esta forma empieza a construir Xosé Garrido, la exposición ESPACIOS. Cuando le ofrecí el comisariado de una exposición para el MACUF, me sorprendió la rapidez y seguridad en el planteamiento del tema: el espacio. Siempre pensé que el paisaje, tenga este la genealogía que sea, el espacio en definitiva, es uno de lo géneros contemporáneos por excelencia. Por eso me entusiasmó la idea tan pronto. Y me entusiasmó dos veces: en su planteamiento, casi con la misma celeridad que esta se produjo y cuando pocos días después, ya tenía la elección de autores y obras. Autores y obras muy concretos, que como digo al comienzo suponen enfrentamientos ante el tema muy diferentes, opuestos y complementarios, a la vez. Una riqueza de miradas, que Xosé Garrido, me exponía, justificaba y resumía con la sencillez y la claridad que posee lo que bien se conoce, y además se ama.

El paisaje urbano en los límites de la ciudad, esos territorios fronterizos entre la ciudad y la no ciudad, donde el territorio de la acción humana da paso a la nada, que en breve será fagocitada por la voracidad de la urbe. Espacios que se transforman y mudan de fisionomía con gran rapidez. Y en esos lugares, en esos espacios, también hay poesía, y humor, y belleza. Eso nos dice Carlos Cánovas con las imágenes de Paisaje Anónimo, imágenes de tapias, muros, polígonos, áreas industriales, espacios no urbanizados…

Una casa palaciega del centro de Madrid, que ahora se desmonta, como esa casa materna que todos en algún momento de la vida tenemos que desmontar, es el objetivo de la mirada de Castro Prieto en su trabajo La Seda Rota. La muerte de un espacio, pero también la de un tiempo. Un espacio moribundo, que comienza a dejar de ser lo que fue. Muebles, telas, objetos que se desubican y dejan su huella, y cierta atmósfera de ensoñación pasada, de bruma enredada en la memoria. La obra de Castro Prieto está llena de lirismo, de una poesía enrarecida, que llega, incluso, a hacernos extrañar lo que nos es ajeno en el momento de su desaparición. Porque nos enfrenta a nosotros mismos. Porque nos enfrenta al tiempo, a un espacio lleno de tiempo…

Joan Fontcuberta nos propone otra de sus exquisitas perversidades, cuestionando una vez más la capacidad de representación del medio fotográfico. En Orogénesis construye valiéndose de software y complejas técnicas digitales, auténticos paisajes ficción, espacios naturales que no existen pero que nos parece reconocer e  identificar por aproximarse, en su simulación, a las imágenes de belleza paradisíaca y tópica a la que nos tiene acostumbrados determinados medios y publicaciones. Hay juego con el espectador y, también, como siempre en sus obras, una profunda reflexión sobre los mecanismos de la representación y su efecto sobre nuestros modos de mirar.

Toni Catany, un fotógrafo viajero como los del pasado no en la técnica, que también podría ser, sino sobre todo en la forma de sentir el viaje y su esencia, la vida y su pulsión. La mirada tranquila, el tiempo de la mirada. Nada que ver con esas imágenes atropelladas y estereotipadas que nos invaden y colonizan estéticamente. Catany, en su obra Obscura Memoria nos ofrece un recorrido por diversos países del área Mediterránea, a través de los vestigios que otros mundos del pasado han dejado como testimonio de su existencia. Conjuntos arqueológicos y monumentos, tan reconocibles como las pirámides de Gizah, fotografiados por una mirada de un viajero incesante pero también un restaurador de la memoria. La memoria de un Mediterráneo que es su Mediterráneo. Su espacio construido y ahora recuperado.

Y Ouka Leele. Su trabajo para esta exposición cierra de forma contundente las posibilidades que sobre el tema del espacio se puedan generar. Nada habitual en su producción. Ni grandes formatos, ni fotografías coloreadas. Sino todo lo contrario. Una serie de treinta imágenes en blanco y negro y de pequeño formato, ligeramente más grandes que una tarjeta postal: El espacio de mi memoria.
Una obra íntima que se desliza por esquinas, espacio, personas, momentos y lugares. No es un diario, ni nada similar. Es una hermosa selección de retazos de una memoria no construida, más espontánea, pero igualmente intensa y significante. Bonita elección la del formato, generando de este modo un corpus íntimo que nos referencia a esas colecciones de postales que releídas y vueltas a , a veces una lágrima… de nuevo la memoria, el tiempo. La comunión con el espacio.

Finalmente una mención destacada para el montaje. Una gran sala de más de 2000 metros cuadrados que alberga cinco habitaciones formadas por poliedros maclados y suspendidos en el aire: el espacio intervenido en sus tres dimensiones, para generar nuevos espacios que poder penetrar, ahora con la necesidad de descubrir los particulares mundos que inicialmente ocultan y perderse en el tiempo de los mundos que revelan. Espacios que ocultan y revelan: el eterno y hermoso juego de las apariencias y el conocimiento. Cinco espacios adaptados, cinco rincones que navegan en el espacio, ingrávidos, metáforas de la mirada de cada uno de ellos cuando esta busca con el único fin de encontrar.



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